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Preguntas más frecuentes sobre fluidoterapia
- ¿Cuándo se pueden utilizar líquidos subcutáneos en lugar de líquidos intravenosos y qué líquidos se pueden administrar por vía subcutánea?
- ¿Cuándo se utiliza la dextrosa al 5%?
- ¿Cómo se decide el volumen que se debe administrar durante un intervalo de tiempo determinado?
- ¿Qué tipo de líquido es el adecuado para administrar durante las intervenciones quirúrgicas de rutina y qué velocidad de infusión se recomienda?
- ¿Es seguro calentar los líquidos en un microondas?
- ¿Es segura la solución de Ringer lactato para pacientes con una hepatopatía?
- ¿Cuál es la cantidad máxima de KCl que se puede añadir con seguridad a los líquidos de administración intravenosa? ¿Y a los de administración subcutánea?
- ¿En qué se fundamenta el uso de los líquidos de mantenimiento hipotónicos?
- ¿Se pueden administrar los coloides y los cristaloides simultáneamente? ¿Cuándo se administra un coloide?
- ¿Es posible administrar un exceso de líquidos?
- ¿Se pueden interpretar los valores del pH, la PCO2 y el bicarbonato (HCO3-) en muestras de sangre venosa además de sangre arterial?
- ¿Resulta adecuado utilizar los valores del pH, la PCO2 y el bicarbonato para el diagnóstico?
- ¿Hasta qué punto es útil el valor del CO2 total por sí solo para valorar el equilibrio ácido-base?
- ¿Con qué frecuencia se deben controlar los parámetros ácido-base en respuesta al tratamiento?
- ¿Al suplementar con bicarbonato se debe aplicar una velocidad de infusión constante (CRI)?
- ¿Cómo se utiliza el exceso de bases para valorar el estado ácido-base?
- ¿Qué es el desequilibrio aniónico y cómo se utiliza para valorar el estado ácido-base?
- ¿Nuestros valores normales de pH son 7,35-7,45. ¿Cómo se puede utilizar esta información para valorar el equilibrio ácido-base?
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¿Cuándo se pueden utilizar
líquidos subcutáneos en lugar de líquidos intravenosos y qué
líquidos se pueden administrar por vía subcutánea?
La vía subcutánea se puede utilizar para necesidades de
mantenimiento en perros pequeños y en gatos, pero no se debe
utilizar en pacientes con pérdidas agudas e intensas de líquidos
(es decir, en pacientes con indicios de compromiso de volumen
circulatorio). Asimismo, esta vía no es recomendable en animales
extremadamente deshidratados o hipotérmicos, en los que podría
existir una vasoconstricción periférica considerable que
dificultaría la absorción del líquido. Para la administración
subcutánea solamente se recomiendan líquidos isotónicos
cristaloides que contengan lactato como precursor de bases (p. ej.
solución de Ringer lactato). El pH bajo y el elevado contenido en
acetatos de algunos productos del tipo Plasmalyte o Normosol R
pueden determinar que estos líquidos causen dolor si se inyectan
por vía subcutánea. No se suele recomendar la administración de una
solución de dextrosa al 5% en agua por vía subcutánea, porque el
líquido extracelular tenderá a equilibrar el líquido sin
electrolitos administrado, lo que puede provocar un desequilibrio
electrolítico temporal. Finalmente, existen ciertos reparos sobre
la administración por vía subcutánea de cristaloides que contengan
dextrosa, porque podrían predisponer al animal a una celulitis si
se introducen bacterias con la inyección.
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¿Cuándo se utiliza la dextrosa
al 5%?
Es frecuente recurrir a la dextrosa al 5% para sustituir un déficit
de agua sin aportar calorías. Salvo en los animales muy pequeños,
la administración de dextrosa al 5% (200 kcal/l) no basta para
mantener las necesidades calóricas diarias. En casos en los que
puede haber problemas de sepsis, o si existe hipoglucemia debido a
alguna otra causa, se pueden añadir 100 ml de dextrosa al 50% (es
decir, 50 g) a 1 l de solución de Ringer lactato, para crear una
solución que contenga un 5% de dextrosa. En esta situación, la
dextrosa se utiliza para combatir una hipoglucemia sospechada o
comprobada.
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¿Cómo se decide el volumen que
se debe administrar durante un intervalo de tiempo determinado?
En este caso se aplica el principio de que la velocidad de infusión
del líquido (es decir, la cantidad de volumen administrado durante
un intervalo determinado) viene dictada por la magnitud y la
rapidez de la pérdida. Cuanto más intensa y rápida sea la pérdida
de líquidos, más rápidamente se deben administrar éstos. En
pacientes con una enfermedad crónica estabilizada, recurra al
período más largo de que pueda disponer (p. ej., 12 o 24 horas).
Simplemente sume el déficit de deshidratación, las necesidades de
mantenimiento y las pérdidas en curso que estime, y administre esa
cantidad durante el periodo de tiempo más largo de que disponga.
Por ejemplo, si se le presenta un perro de 10 kg con vómitos y con
un 10% de deshidratación, que usted considera estable y que
solamente va a estar en el hospital durante 12 horas, puede sumar 1
l para la deshidratación, 600 ml para mantenimiento (asumimos que
el mantenimiento es de 60 ml/kg/día) y una estimación de 500 ml de
pérdidas en curso, porque el perro sigue vomitando. Eso significa
que hay que administrarle 2.100 ml repartidos entre 12 horas, es
decir, 175 ml/h. Esta velocidad de infusión es de 17,5 ml/kg/h. Si
el paciente muestra signos de compromiso del volumen circulatorio
(p. ej., taquicardia, tiempo prolongado de llenado capilar y pulso
débil), puede ser preferible administrar una parte de las
necesidades diarias calculadas durante un periodo más breve. Por
ejemplo, se le puede administrar el déficit de deshidratación de 1
l durante las primeras 4 horas (a una velocidad de infusión de 25
ml/kg/h) y después, durante el período de tiempo restante, reducir
la velocidad de infusión a las necesidades de mantenimiento y
pérdidas en curso (es decir, 1.100 ml durante las 8 horas
restantes, o 13,75 ml/kg/h). No existe una respuesta única sobre la
velocidad a la que se pueden administrar los líquidos, ya que ésta
dependerá de las circunstancias. Recuerde que en caso de shock
puede administrar líquidos por vía intravenosa a una velocidad
máxima de un volumen sanguíneo por hora, lo que corresponde a 80-90
ml/kg/h en el perro y a 50-55 ml/kg/h en el gato, si la función
cardíaca y la producción de orina son normales.
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- ¿Qué tipo de líquido es el adecuado para administrar durante las intervenciones quirúrgicas de rutina y qué velocidad de infusión se recomienda?
Para este fin se suele recomendar una solución de Ringer lactato a
una velocidad de 10 ml/kg/h. Si desea leer más detalles sobre esta
recomendación, consulte el excelente capítulo de Peter Pascoe
titulado “Perioperative management of fluid therapy” en el libro de
S.P. DiBartola: Fluid, Electrolyte, and Acid Base Disorders in
Small Animal Practice, 3.ª edición, Elsevier, St. Louis, 2006;
págs. 406–408.
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¿Es seguro calentar los
líquidos en un microondas?
En primer lugar, es perfectamente adecuado y seguro administrar
líquidos a temperatura ambiente a los pequeños animales. Sin
embargo, si lo considera necesario puede calentar un líquido
cristaloide en un microondas, siempre que ajuste cuidadosamente las
condiciones adecuadas de su microondas concreto para que caliente
el líquido a una temperatura que en ningún caso supere a la
corporal, e invierta varias veces la bolsa de infusión para que el
líquido se mezcle bien y no queden zonas excesivamente calientes
dentro de la bolsa.
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¿Es segura la solución de Ringer
lactato para pacientes con una hepatopatía?
La administración de lactato en forma de sal (la forma utilizada en
la solución de Ringer lactato) no puede provocar directamente una
acidosis láctica. Sin embargo, a veces se cuestiona la capacidad
del hígado hipóxico para metabolizar el lactato. Probablemente, en
la mayoría de situaciones la administración de una solución de
Ringer lactato será beneficiosa, porque seguramente la mejora del
riego hepático y del aporte de oxígeno obtenidos con la expansión
del volumen del líquido extracelular compensará cualquier tendencia
a acumular lactato.
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¿Cuál es la cantidad máxima de
KCl que se puede añadir con seguridad a los líquidos de
administración intravenosa? ¿Y a los de administración subcutánea?
El potasio se puede utilizar a concentraciones de hasta 30-35 mEq/l
en líquidos cristaloides destinados a la administración subcutánea.
Para suplementar los líquidos cristaloides con KCl para
administración intravenosa, tradicionalmente hemos seguido la
siguiente escala "móvil", que fue elaborada por el Dr. Richard
Scott del Animal Medical Center, durante la década de 1970. La
suplementación intravenosa de potasio NO debe superar los 0,5
mEq/kg/h.
| Directrices para la suplementación intravenosa rutinaria de potasio* |
| Concentración de potasio en suero (mEq/l) |
mEq de KCl que se añadirán a 250 ml de líquido |
mEq de KCl que se añadirán a 1 litro de líquido |
Velocidad máxima de infusión (ml/kg/h) |
<2,0 |
20 |
80 |
6 |
2,1–2,5 |
15 |
60 |
8 |
2,6–3,0 |
10 |
40 |
12 |
3,1–3,5 |
7 |
28 |
18 |
| *en perros y gatos |
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- ¿En qué se fundamenta el uso de los líquidos de mantenimiento hipotónicos?
Las soluciones de mantenimiento contienen menos sodio y más potasio
que los líquidos de sustitución. Muchas soluciones de mantenimiento
contienen aproximadamente 50 mEq de sodio por litro. Supongamos un
perro de 10 kg con 6 l de agua corporal total. De ellos, 4 l son
líquido intracelular con una concentración de sodio de 10 mEq/l (40
mEq en total) y 2 l son líquido extracelular con una concentración
de sodio de 140 mEq/l (280 mEq en total). Así pues, la
concentración media de sodio del agua corporal total será
aproximadamente de 320 mEq divididos entre 6 l, o sea, 53 mEq/l.
Por lo tanto, las soluciones de mantenimiento aportan una
concentración de sodio que se aproxima a la concentración media de
sodio del agua corporal total. Sin embargo, no se puede aplicar
este mismo planteamiento al potasio, porque la administración
intravenosa excesivamente rápida de soluciones que contengan
grandes cantidades de potasio puede ser mortal (véase pregunta
anterior: la velocidad máxima de infusión del potasio es de 0,5
mEq/kg/h). Por esta razón, la mayoría de soluciones de
mantenimiento no contienen más de 15 mEq/l de potasio. Obsérvese
que estas soluciones de mantenimiento acostumbran a ser
hipotónicas. Por ejemplo, una solución de NaCl al 0,45% tiene una
osmolaridad de 154 mOsm/kg. Una solución de NaCl al 0,45% en
dextrosa al 2,5% tiene una osmolaridad de 280 mOsm/kg, pero la
dextrosa se metaboliza en el organismo, lo que convierte a esta
solución en hipotónica.
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- ¿Se pueden administrar los coloides y los cristaloides simultáneamente? ¿Cuándo se administra un coloide?
En realidad no nos hemos ocupado de los coloides en esta presentación, pero se utilizan cuando se pretende retener la máxima cantidad posible de líquido administrado dentro de los vasos (recuerde que los cristaloides se distribuyen rápidamente [en unos 15 minutos] al espacio intersticial y en pocas horas pasan a formar parte del agua corporal total). Un coloide es una sustancia de peso molecular elevado que permanece en el espacio circulatorio durante más tiempo y que, por lo tanto, puede estar indicada en los pacientes en shock, que necesiten aumentar de manera rápida y eficaz su volumen circulatorio. Otro caso en el que se puede recurrir a un coloide es en el paciente con una presión oncótica baja a causa de una hipoalbuminemia. En estos pacientes, el coloide permitirá conseguir un aumento de la presión oncótica y, por tanto, ayudará a retener los líquidos y los electrolitos en el espacio vascular. Tanto los dextranos como el hidroxietilalmidón suelen administrarse en soluciones de NaCl al 0,9%. Encontrará más información sobre los coloides en los capítulos 17 y 27 del libro de S.P. DiBartola: Fluid, Electrolyte, and Acid Base Disorders in Small Animal Practice, 3.ª edición, Elsevier, St. Louis, 2006.
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- ¿Es posible administrar un exceso de líquidos?
¡Por supuesto que sí! Sin embargo, si se trata de un animal en
estado normal, su organismo tiene una gran tolerancia a la
recepción de un volumen de líquidos excesivo. Siempre que la
función cardíaca y la producción de orina sean normales, es
improbable que haya problemas. Probablemente muchos pacientes se
hayan beneficiado de haber recibido un poco más de líquidos de los
necesarios en lugar de un poco menos. Sin embargo, en los pacientes
con insuficiencia cardíaca o con oliguria patológica (p. ej.,
pacientes con insuficiencia renal aguda oligúrica) pueden aparecer
problemas de exceso de hidratación con bastante rapidez.
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- ¿Se pueden interpretar los valores del pH, la PCO2 y el bicarbonato (HCO3-) en muestras de sangre venosa además de sangre arterial?
La respuesta corta es "sí". Las muestras de sangre arterial son
ideales porque se puede valorar la oxigenación de la sangre
(importante en los pacientes con una afección pulmonar o
cardiovascular) y la muestra no estará afectada por una estasis de
sangre ni por el metabolismo tisular local. Sin embargo, aplicando
los principios que hemos revisado durante el Webinario, se puede
obtener información mucho más valiosa de una revisión e
interpretación cuidadosas de los gases de la sangre venosa. Debido
al metabolismo tisular periférico, la sangre venosa tendrá una PCO2
mayor y un pH menor que la sangre arterial. Veamos, por ejemplo,
los siguientes datos, obtenidos de perros sin anestesiar, que
aparecen en el Journal of Veterinary Internal Medicine
(2001;5[5]:294–298).
| Parámetro |
Sangre arterial |
Sangre venosa de la yugular |
| pH |
7,395 ± 0,028 |
7,352 ± 0,023 |
| PCO2 (mmHg) |
36,8 ± 2,7 |
42,1 ± 4,4 |
| Bicarbonato (mEq/l) |
21,4 ± 1,6 |
22,1 ± 2,0 |
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- ¿Resulta adecuado utilizar los valores del pH, la PCO2 y el bicarbonato para el diagnóstico?
Una vez más, la respuesta corta es "sí". Se han publicado muchos
métodos para evaluar el equilibrio ácido-base. Algunos, como la
determinación del bicarbonato normal y el exceso de bases, se basan
en la suposición de que la capacidad de tamponado de la sangre
refleja la capacidad de tamponado de todo el animal (lo que es una
simplificación excesiva). Otros, como la diferencia de iones
fuertes (SID, Strong Ion Difference), son correctos desde el punto
de vista conceptual pero matemáticamente son sofisticados y
demasiado engorrosos para usarlos a diario. Creo que si se han
comprendido bien los principios de la química ácido-básica y la
fisiología, "sí", los valores del pH, la PCO2 y el bicarbonato
bastan, como se ha comentado en el Webinario.
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- ¿Hasta qué punto es útil el valor del CO2 total por sí solo para valorar el equilibrio ácido-base?
El CO2 total se determina añadiendo un ácido fuerte al plasma o al
suero y midiendo la cantidad de CO2 liberado por la reacción: H+ +
HCO3- → H2CO3 → CO2 + 2O. El término CO2 total se refiere al hecho
de que con este método se incluye tanto el CO2 disuelto como el
bicarbonato presente en la muestra. En consecuencia, el CO2 total
determinado en una muestra manipulada en condiciones anaeróbicas es
aproximadamente de 1 o 2 mEq/l más elevado que la concentración de
bicarbonato, porque el CO2 disuelto (en mEq/l) = PCO2 (en mmHg) ×
0,03 (el coeficiente de solubilidad del CO2). Sin embargo, cuando
la muestra se manipula en condiciones aerobias (lo que suele ser el
caso de las muestras de sangre enviadas a un laboratorio), el CO2
disuelto se libera a la atmósfera y el valor obtenido es
prácticamente igual a la concentración de bicarbonato de la
muestra. Todo esto para decir que el CO2 total de un perfil
bioquímico manipulado de forma rutinaria es igual a la
concentración de bicarbonato. El valor de esta información
dependerá del grado de comprensión que tenga el clínico acerca del
concepto de equilibrio ácido-base. Por ejemplo, ¿qué significa una
concentración baja de bicarbonato? Casi siempre significará la
presencia de una acidosis metabólica, pero (aunque es mucho menos
probable) también podría reflejar una reducción de la concentración
de bicarbonato para compensar una alcalosis respiratoria primaria.
Para responder definitivamente a esta pregunta sería necesario un
análisis de los gases en sangre, si es que el cuadro clínico del
paciente no ofrece una respuesta clara. Otro ejemplo, ¿qué
significa una concentración alta de bicarbonato? Casi siempre
significará la presencia de una alcalosis metabólica, pero también
podría reflejar un incremento de la concentración de bicarbonato
para compensar una acidosis respiratoria primaria. También en este
caso, para responder definitivamente a esta pregunta sería
necesario un análisis de los gases en sangre, si es que el cuadro
clínico del paciente no ofrece una respuesta clara. Por lo tanto,
una buena comprensión de los principios del equilibrio ácido-base
ayudará a interpretar el significado del CO2 total en un perfil
bioquímico.
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- ¿Con qué frecuencia se deben controlar los parámetros ácido-base en respuesta al tratamiento?
Depende de si el paciente está estable o no. Cuanto más inestable
esté el paciente, con mayor frecuencia se deben controlar los
parámetros ácido-base En pacientes en estado crítico puede ser
necesario controlarlos cada pocas horas. Si se considera que un
paciente crítico necesita un tratamiento con bicarbonato sódico (a
causa de un pH muy bajo, como 7,0-7,1), una práctica habitual es
administrar lentamente una dosis baja de bicarbonato (p. ej., 1-2
mEq/kg) por vía endovenosa y volver a analizar los gases en sangre
a las pocas horas.
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- ¿Al suplementar con bicarbonato se debe aplicar una velocidad de infusión constante (CRI)?
Depende de la condición del paciente y las preferencias del
clínico. En la mayoría de casos la decisión de administrar
bicarbonato afecta a un paciente en estado crítico (p. ej., pH
sanguíneo ≤ 7,1), al que a menudo se administra lentamente una
dosis baja de bicarbonato por vía intravenosa. También es frecuente
administrar además líquidos cristaloides alcalinizantes (p. ej.,
solución de Ringer lactato). Cuando se comprueban los gases en
sangre varias horas después, no es inusual observar que la acidosis
está resolviéndose y que no resulta necesaria entonces la
administración de bicarbonato. En la situación poco habitual de que
exista una acidosis metabólica grave y una concentración de
bicarbonato extremadamente baja, y de que ambas sean refractarias
al tratamiento inicial, el clínico puede optar por empezar con una
infusión de bicarbonato a velocidad constante, aunque quedan
pendientes algunas cuestiones importantes. Por ejemplo, ¿qué
volumen de distribución (Vd) se debe utilizar para el cálculo de la
cantidad de bicarbonato que hay que administrar? La fórmula general
es mEq de bicarbonato = Vd x peso corporal (kg) x déficit de
bicarbonato (mEq/l). Verá que en esta ecuación se usan valores de
0,2 (espacio extracelular) a 0,6 (agua corporal total) para el Vd y
que (por lo menos experimentalmente) el Vd del bicarbonato de
perros con una acidosis metabólica crónica intensa puede incluso
superar el 0,6. Si va a aplicar este tipo de ecuación,
probablemente lo adecuado sea escoger un valor bajo de Vd, del
orden de 0,2, hasta ver cómo responde el paciente. Otra cuestión es
cómo calcular el "déficit de bicarbonato". ¿Simplemente se resta la
concentración de bicarbonato del paciente del valor normal de 21
mEq/l y se introduce el resultado en la ecuación anterior como
"déficit de bicarbonato"? Probablemente no, porque el objetivo no
es que la concentración de bicarbonato del paciente vuelva a ser
completamente normal, sino sólo lo suficiente para incrementar el
pH hasta que salga de la zona de peligro (es decir, por encima de
7,2). La cantidad de bicarbonato que se necesita para eso
probablemente será menor que la cantidad calculada con la ecuación.
A partir de estas consideraciones podemos ver que no se trata
simplemente de una cuestión de poner números en una ecuación. Así
pues, a menudo es preferible administrar varias dosis pequeñas
repetidas de bicarbonato sódico hasta que el pH de la sangre del
paciente se estabilice por encima de 7,2. Este planteamiento
requiere una reevaluación seriada de los gases en sangre del
paciente y ajustes del tratamiento en función de los resultados
obtenidos.
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-
¿Cómo se utiliza el exceso
de bases para valorar el estado ácido-base?
Existen diversas opiniones sobre el valor del exceso de bases para
evaluar el estado ácido-base. El exceso de bases se define como la
cantidad de ácidos o bases fuertes necesaria para titular 1 l de
sangre a un pH de 7,40 a 37 ºC mientras la PCO2 se mantiene
constante a 40 mmHg. El exceso de bases se cambia solamente por
ácido no volátil (o fijado) y por lo tanto se considera que refleja
la magnitud de los trastornos metabólicos del equilibrio
ácido-base. Un valor negativo indica una acidosis metabólica y un
valor positivo indica una alcalosis metabólica (el exceso normal de
bases es aproximadamente de -3 a +3 mEq/l). A menudo la gente
recurre a los cambios en el exceso de bases para determinar la
presencia de un trastorno metabólico del equilibrio ácido-base. Sin
embargo, el cambio observado en la concentración de bicarbonato del
paciente puede reflejar una respuesta renal normal de adaptación a
la presencia de un trastorno primario respiratorio del equilibrio
ácido-base. Si el clínico comprende las implicaciones de la
ecuación de Henderson-Hasselbalch y sigue las directrices para
interpretar los valores de los gases en sangre que hemos revisado
durante el Webinario, no existe una necesidad real de incluir el
exceso de bases en la discusión.
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- ¿Qué es el desequilibrio aniónico y cómo se utiliza para valorar el estado ácido-base?
El "desequilibrio aniónico" es simplemente la diferencia entre los
cationes "habitualmente analizados" (sodio y potasio) y los aniones
"habitualmente analizados" (cloruro y bicarbonato). En realidad, se
debe cumplir la ley de la electroneutralidad y no existe ningún
desequilibrio aniónico. Se trata simplemente de que existen más
aniones sin analizar (es decir, cargas negativas en las proteínas,
y en los iones fosfato, sulfato y lactato, así como otros aniones
orgánicos) que cationes sin analizar (sólo calcio y magnesio). En
algunos tipos de acidosis metabólica, los ácidos fijados reducen la
concentración de bicarbonato en el suero y los aniones de estos
ácidos se acumulan como aniones sin analizar. Entre los ejemplos
cabe citar la cetoacidosis diabética (en la que se acumulan
cetoaniones orgánicos), la intoxicación por etilenglicol (en la que
se acumulan aniones orgánicos derivados metabólicos del
etilenglicol), la insuficiencia renal (en la que se acumula anión
fosfato) e, ilustrada en el diagrama de arriba a la izquierda, la
acidosis láctica (en la que se acumula el anión orgánico lactato).
Este tipo de acidosis se llama "desequilibrio aniónico elevado" o
acidosis "normoclorémica", puesto que la cantidad de aniones sin
analizar aumenta proporcionalmente a la reducción de bicarbonato,
mientras que la concentración de cloruro en el suero permanece
inalterada. Este es el tipo de acidosis metabólica que aparece con
mayor frecuencia en veterinaria. El otro tipo de acidosis,
ilustrada en el diagrama de arriba a la derecha, se llama
"desequilibrio aniónico normal" o acidosis "hiperclorémica", porque
no se acumulan aniones sin analizar y la concentración de cloruro
en suero aumenta proporcionalmente a la reducción de la del
bicarbonato. Este tipo de acidosis es bastante menos habitual en
veterinaria; un ejemplo típico sería la diarrea originada en el
intestino delgado. En esta situación, con la diarrea se pierde
líquido rico en bicarbonato, el animal se deshidrata y los riñones
aumentan la retención de sodio y de agua. Debido a la reducida
concentración de bicarbonato en suero, la carga de bicarbonato
filtrada se reduce y los riñones deben reabsorber más sodio unido a
cloro, lo que desemboca en una hipercloremia. Otras causas de
acidosis hiperclorémica, como la acidosis tubular renal, son raras.
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- ¿Nuestros valores normales de pH son 7,35-7,45. ¿Cómo se puede utilizar esta información para valorar el equilibrio ácido-base?
Este es un punto muy importante; determinamos la respuesta
compensadora esperada del paciente a partir de cálculos basados en
valores "medios" normales, cuando en realidad nos vemos obligados a
trabajar con los intervalos de referencia normales de los
laboratorios y además no sabemos cuál es el valor "normal" real de
un paciente concreto. En el caso del pH, acostumbramos a considerar
que 7,38 es el valor medio "normal" en muestras de sangre arterial.
A consecuencia de esta incertidumbre, concluimos que el trastorno
del equilibrio ácido-base es un trastorno simple siempre y cuando
la PCO2 compensadora (en el caso de los trastornos metabólicos) o
la concentración de bicarbonato compensadora (en el caso de los
trastornos respiratorios) no se aparte más de 2–3 mmHg (para la
PCO2) o de 2–3 mEq/l (para el bicarbonato) del valor calculado.
Solamente cuando los valores observados se aparten más de 2–3 mmHg
o 2–3 mEq/l de los valores calculados consideraremos la posibilidad
de un trastorno mixto, en el que siempre es muy importante
preguntarse si las conclusiones a las que uno ha llegado quedan
refrendadas por el cuadro clínico del paciente.
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