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Preguntas del Analizador de Electrolitos y Gases en Sangre IDEXX VetStat®

 
 

Preguntas más frecuentes sobre fluidoterapia

  1. ¿Cuándo se pueden utilizar líquidos subcutáneos en lugar de líquidos intravenosos y qué líquidos se pueden administrar por vía subcutánea?
  2. ¿Cuándo se utiliza la dextrosa al 5%?
  3. ¿Cómo se decide el volumen que se debe administrar durante un intervalo de tiempo determinado?
  4. ¿Qué tipo de líquido es el adecuado para administrar durante las intervenciones quirúrgicas de rutina y qué velocidad de infusión se recomienda?
  5. ¿Es seguro calentar los líquidos en un microondas?
  6. ¿Es segura la solución de Ringer lactato para pacientes con una hepatopatía?
  7. ¿Cuál es la cantidad máxima de KCl que se puede añadir con seguridad a los líquidos de administración intravenosa? ¿Y a los de administración subcutánea?
  8. ¿En qué se fundamenta el uso de los líquidos de mantenimiento hipotónicos?
  9. ¿Se pueden administrar los coloides y los cristaloides simultáneamente? ¿Cuándo se administra un coloide?
  10. ¿Es posible administrar un exceso de líquidos?
  11. ¿Se pueden interpretar los valores del pH, la PCO2 y el bicarbonato (HCO3-) en muestras de sangre venosa además de sangre arterial?
  12. ¿Resulta adecuado utilizar los valores del pH, la PCO2 y el bicarbonato para el diagnóstico?
  13. ¿Hasta qué punto es útil el valor del CO2 total por sí solo para valorar el equilibrio ácido-base?
  14. ¿Con qué frecuencia se deben controlar los parámetros ácido-base en respuesta al tratamiento?
  15. ¿Al suplementar con bicarbonato se debe aplicar una velocidad de infusión constante (CRI)?
  16. ¿Cómo se utiliza el exceso de bases para valorar el estado ácido-base?
  17. ¿Qué es el desequilibrio aniónico y cómo se utiliza para valorar el estado ácido-base?
  18. ¿Nuestros valores normales de pH son 7,35-7,45. ¿Cómo se puede utilizar esta información para valorar el equilibrio ácido-base?

  1. ¿Cuándo se pueden utilizar líquidos subcutáneos en lugar de líquidos intravenosos y qué líquidos se pueden administrar por vía subcutánea?

    La vía subcutánea se puede utilizar para necesidades de mantenimiento en perros pequeños y en gatos, pero no se debe utilizar en pacientes con pérdidas agudas e intensas de líquidos (es decir, en pacientes con indicios de compromiso de volumen circulatorio). Asimismo, esta vía no es recomendable en animales extremadamente deshidratados o hipotérmicos, en los que podría existir una vasoconstricción periférica considerable que dificultaría la absorción del líquido. Para la administración subcutánea solamente se recomiendan líquidos isotónicos cristaloides que contengan lactato como precursor de bases (p. ej. solución de Ringer lactato). El pH bajo y el elevado contenido en acetatos de algunos productos del tipo Plasmalyte o Normosol R pueden determinar que estos líquidos causen dolor si se inyectan por vía subcutánea. No se suele recomendar la administración de una solución de dextrosa al 5% en agua por vía subcutánea, porque el líquido extracelular tenderá a equilibrar el líquido sin electrolitos administrado, lo que puede provocar un desequilibrio electrolítico temporal. Finalmente, existen ciertos reparos sobre la administración por vía subcutánea de cristaloides que contengan dextrosa, porque podrían predisponer al animal a una celulitis si se introducen bacterias con la inyección.
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  3. ¿Cuándo se utiliza la dextrosa al 5%?

    Es frecuente recurrir a la dextrosa al 5% para sustituir un déficit de agua sin aportar calorías. Salvo en los animales muy pequeños, la administración de dextrosa al 5% (200 kcal/l) no basta para mantener las necesidades calóricas diarias. En casos en los que puede haber problemas de sepsis, o si existe hipoglucemia debido a alguna otra causa, se pueden añadir 100 ml de dextrosa al 50% (es decir, 50 g) a 1 l de solución de Ringer lactato, para crear una solución que contenga un 5% de dextrosa. En esta situación, la dextrosa se utiliza para combatir una hipoglucemia sospechada o comprobada.
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  5. ¿Cómo se decide el volumen que se debe administrar durante un intervalo de tiempo determinado?

    En este caso se aplica el principio de que la velocidad de infusión del líquido (es decir, la cantidad de volumen administrado durante un intervalo determinado) viene dictada por la magnitud y la rapidez de la pérdida. Cuanto más intensa y rápida sea la pérdida de líquidos, más rápidamente se deben administrar éstos. En pacientes con una enfermedad crónica estabilizada, recurra al período más largo de que pueda disponer (p. ej., 12 o 24 horas). Simplemente sume el déficit de deshidratación, las necesidades de mantenimiento y las pérdidas en curso que estime, y administre esa cantidad durante el periodo de tiempo más largo de que disponga. Por ejemplo, si se le presenta un perro de 10 kg con vómitos y con un 10% de deshidratación, que usted considera estable y que solamente va a estar en el hospital durante 12 horas, puede sumar 1 l para la deshidratación, 600 ml para mantenimiento (asumimos que el mantenimiento es de 60 ml/kg/día) y una estimación de 500 ml de pérdidas en curso, porque el perro sigue vomitando. Eso significa que hay que administrarle 2.100 ml repartidos entre 12 horas, es decir, 175 ml/h. Esta velocidad de infusión es de 17,5 ml/kg/h. Si el paciente muestra signos de compromiso del volumen circulatorio (p. ej., taquicardia, tiempo prolongado de llenado capilar y pulso débil), puede ser preferible administrar una parte de las necesidades diarias calculadas durante un periodo más breve. Por ejemplo, se le puede administrar el déficit de deshidratación de 1 l durante las primeras 4 horas (a una velocidad de infusión de 25 ml/kg/h) y después, durante el período de tiempo restante, reducir la velocidad de infusión a las necesidades de mantenimiento y pérdidas en curso (es decir, 1.100 ml durante las 8 horas restantes, o 13,75 ml/kg/h). No existe una respuesta única sobre la velocidad a la que se pueden administrar los líquidos, ya que ésta dependerá de las circunstancias. Recuerde que en caso de shock puede administrar líquidos por vía intravenosa a una velocidad máxima de un volumen sanguíneo por hora, lo que corresponde a 80-90 ml/kg/h en el perro y a 50-55 ml/kg/h en el gato, si la función cardíaca y la producción de orina son normales.
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  7. ¿Qué tipo de líquido es el adecuado para administrar durante las intervenciones quirúrgicas de rutina y qué velocidad de infusión se recomienda?

    Para este fin se suele recomendar una solución de Ringer lactato a una velocidad de 10 ml/kg/h. Si desea leer más detalles sobre esta recomendación, consulte el excelente capítulo de Peter Pascoe titulado “Perioperative management of fluid therapy” en el libro de S.P. DiBartola: Fluid, Electrolyte, and Acid Base Disorders in Small Animal Practice, 3.ª edición, Elsevier, St. Louis, 2006; págs. 406–408.
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  9. ¿Es seguro calentar los líquidos en un microondas?

    En primer lugar, es perfectamente adecuado y seguro administrar líquidos a temperatura ambiente a los pequeños animales. Sin embargo, si lo considera necesario puede calentar un líquido cristaloide en un microondas, siempre que ajuste cuidadosamente las condiciones adecuadas de su microondas concreto para que caliente el líquido a una temperatura que en ningún caso supere a la corporal, e invierta varias veces la bolsa de infusión para que el líquido se mezcle bien y no queden zonas excesivamente calientes dentro de la bolsa.
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  11. ¿Es segura la solución de Ringer lactato para pacientes con una hepatopatía?

    La administración de lactato en forma de sal (la forma utilizada en la solución de Ringer lactato) no puede provocar directamente una acidosis láctica. Sin embargo, a veces se cuestiona la capacidad del hígado hipóxico para metabolizar el lactato. Probablemente, en la mayoría de situaciones la administración de una solución de Ringer lactato será beneficiosa, porque seguramente la mejora del riego hepático y del aporte de oxígeno obtenidos con la expansión del volumen del líquido extracelular compensará cualquier tendencia a acumular lactato.
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  13. ¿Cuál es la cantidad máxima de KCl que se puede añadir con seguridad a los líquidos de administración intravenosa? ¿Y a los de administración subcutánea?

    El potasio se puede utilizar a concentraciones de hasta 30-35 mEq/l en líquidos cristaloides destinados a la administración subcutánea. Para suplementar los líquidos cristaloides con KCl para administración intravenosa, tradicionalmente hemos seguido la siguiente escala "móvil", que fue elaborada por el Dr. Richard Scott del Animal Medical Center, durante la década de 1970. La suplementación intravenosa de potasio NO debe superar los 0,5 mEq/kg/h.
     
    Directrices para la suplementación intravenosa rutinaria de potasio*
    Concentración de potasio en suero (mEq/l) mEq de KCl que se añadirán a 250 ml de líquido mEq de KCl que se añadirán a 1 litro de líquido Velocidad máxima de infusión (ml/kg/h)

    <2,0

    20

    80

    6

    2,1–2,5

    15

    60

    8

    2,6–3,0

    10

    40

    12

    3,1–3,5

    7

    28

    18
    *en perros y gatos
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  15. ¿En qué se fundamenta el uso de los líquidos de mantenimiento hipotónicos?

    Las soluciones de mantenimiento contienen menos sodio y más potasio que los líquidos de sustitución. Muchas soluciones de mantenimiento contienen aproximadamente 50 mEq de sodio por litro. Supongamos un perro de 10 kg con 6 l de agua corporal total. De ellos, 4 l son líquido intracelular con una concentración de sodio de 10 mEq/l (40 mEq en total) y 2 l son líquido extracelular con una concentración de sodio de 140 mEq/l (280 mEq en total). Así pues, la concentración media de sodio del agua corporal total será aproximadamente de 320 mEq divididos entre 6 l, o sea, 53 mEq/l. Por lo tanto, las soluciones de mantenimiento aportan una concentración de sodio que se aproxima a la concentración media de sodio del agua corporal total. Sin embargo, no se puede aplicar este mismo planteamiento al potasio, porque la administración intravenosa excesivamente rápida de soluciones que contengan grandes cantidades de potasio puede ser mortal (véase pregunta anterior: la velocidad máxima de infusión del potasio es de 0,5 mEq/kg/h). Por esta razón, la mayoría de soluciones de mantenimiento no contienen más de 15 mEq/l de potasio. Obsérvese que estas soluciones de mantenimiento acostumbran a ser hipotónicas. Por ejemplo, una solución de NaCl al 0,45% tiene una osmolaridad de 154 mOsm/kg. Una solución de NaCl al 0,45% en dextrosa al 2,5% tiene una osmolaridad de 280 mOsm/kg, pero la dextrosa se metaboliza en el organismo, lo que convierte a esta solución en hipotónica.
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  17. ¿Se pueden administrar los coloides y los cristaloides simultáneamente? ¿Cuándo se administra un coloide?

    En realidad no nos hemos ocupado de los coloides en esta presentación, pero se utilizan cuando se pretende retener la máxima cantidad posible de líquido administrado dentro de los vasos (recuerde que los cristaloides se distribuyen rápidamente [en unos 15 minutos] al espacio intersticial y en pocas horas pasan a formar parte del agua corporal total). Un coloide es una sustancia de peso molecular elevado que permanece en el espacio circulatorio durante más tiempo y que, por lo tanto, puede estar indicada en los pacientes en shock, que necesiten aumentar de manera rápida y eficaz su volumen circulatorio. Otro caso en el que se puede recurrir a un coloide es en el paciente con una presión oncótica baja a causa de una hipoalbuminemia. En estos pacientes, el coloide permitirá conseguir un aumento de la presión oncótica y, por tanto, ayudará a retener los líquidos y los electrolitos en el espacio vascular. Tanto los dextranos como el hidroxietilalmidón suelen administrarse en soluciones de NaCl al 0,9%. Encontrará más información sobre los coloides en los capítulos 17 y 27 del libro de S.P. DiBartola: Fluid, Electrolyte, and Acid Base Disorders in Small Animal Practice, 3.ª edición, Elsevier, St. Louis, 2006.
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  19. ¿Es posible administrar un exceso de líquidos?

    ¡Por supuesto que sí! Sin embargo, si se trata de un animal en estado normal, su organismo tiene una gran tolerancia a la recepción de un volumen de líquidos excesivo. Siempre que la función cardíaca y la producción de orina sean normales, es improbable que haya problemas. Probablemente muchos pacientes se hayan beneficiado de haber recibido un poco más de líquidos de los necesarios en lugar de un poco menos. Sin embargo, en los pacientes con insuficiencia cardíaca o con oliguria patológica (p. ej., pacientes con insuficiencia renal aguda oligúrica) pueden aparecer problemas de exceso de hidratación con bastante rapidez.
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  21. ¿Se pueden interpretar los valores del pH, la PCO2 y el bicarbonato (HCO3-) en muestras de sangre venosa además de sangre arterial?

    La respuesta corta es "sí". Las muestras de sangre arterial son ideales porque se puede valorar la oxigenación de la sangre (importante en los pacientes con una afección pulmonar o cardiovascular) y la muestra no estará afectada por una estasis de sangre ni por el metabolismo tisular local. Sin embargo, aplicando los principios que hemos revisado durante el Webinario, se puede obtener información mucho más valiosa de una revisión e interpretación cuidadosas de los gases de la sangre venosa. Debido al metabolismo tisular periférico, la sangre venosa tendrá una PCO2 mayor y un pH menor que la sangre arterial. Veamos, por ejemplo, los siguientes datos, obtenidos de perros sin anestesiar, que aparecen en el Journal of Veterinary Internal Medicine (2001;5[5]:294–298).
     
    Parámetro Sangre arterial Sangre venosa de la yugular
    pH 7,395 ± 0,028 7,352 ± 0,023
    PCO2 (mmHg) 36,8 ± 2,7 42,1 ± 4,4
    Bicarbonato (mEq/l) 21,4 ± 1,6 22,1 ± 2,0
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  1. ¿Resulta adecuado utilizar los valores del pH, la PCO2 y el bicarbonato para el diagnóstico?

    Una vez más, la respuesta corta es "sí". Se han publicado muchos métodos para evaluar el equilibrio ácido-base. Algunos, como la determinación del bicarbonato normal y el exceso de bases, se basan en la suposición de que la capacidad de tamponado de la sangre refleja la capacidad de tamponado de todo el animal (lo que es una simplificación excesiva). Otros, como la diferencia de iones fuertes (SID, Strong Ion Difference), son correctos desde el punto de vista conceptual pero matemáticamente son sofisticados y demasiado engorrosos para usarlos a diario. Creo que si se han comprendido bien los principios de la química ácido-básica y la fisiología, "sí", los valores del pH, la PCO2 y el bicarbonato bastan, como se ha comentado en el Webinario.

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  3. ¿Hasta qué punto es útil el valor del CO2 total por sí solo para valorar el equilibrio ácido-base?

    El CO2 total se determina añadiendo un ácido fuerte al plasma o al suero y midiendo la cantidad de CO2 liberado por la reacción: H+ + HCO3- → H2CO3 → CO2 + 2O. El término CO2 total se refiere al hecho de que con este método se incluye tanto el CO2 disuelto como el bicarbonato presente en la muestra. En consecuencia, el CO2 total determinado en una muestra manipulada en condiciones anaeróbicas es aproximadamente de 1 o 2 mEq/l más elevado que la concentración de bicarbonato, porque el CO2 disuelto (en mEq/l) = PCO2 (en mmHg) × 0,03 (el coeficiente de solubilidad del CO2). Sin embargo, cuando la muestra se manipula en condiciones aerobias (lo que suele ser el caso de las muestras de sangre enviadas a un laboratorio), el CO2 disuelto se libera a la atmósfera y el valor obtenido es prácticamente igual a la concentración de bicarbonato de la muestra. Todo esto para decir que el CO2 total de un perfil bioquímico manipulado de forma rutinaria es igual a la concentración de bicarbonato. El valor de esta información dependerá del grado de comprensión que tenga el clínico acerca del concepto de equilibrio ácido-base. Por ejemplo, ¿qué significa una concentración baja de bicarbonato? Casi siempre significará la presencia de una acidosis metabólica, pero (aunque es mucho menos probable) también podría reflejar una reducción de la concentración de bicarbonato para compensar una alcalosis respiratoria primaria. Para responder definitivamente a esta pregunta sería necesario un análisis de los gases en sangre, si es que el cuadro clínico del paciente no ofrece una respuesta clara. Otro ejemplo, ¿qué significa una concentración alta de bicarbonato? Casi siempre significará la presencia de una alcalosis metabólica, pero también podría reflejar un incremento de la concentración de bicarbonato para compensar una acidosis respiratoria primaria. También en este caso, para responder definitivamente a esta pregunta sería necesario un análisis de los gases en sangre, si es que el cuadro clínico del paciente no ofrece una respuesta clara. Por lo tanto, una buena comprensión de los principios del equilibrio ácido-base ayudará a interpretar el significado del CO2 total en un perfil bioquímico.
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  5. ¿Con qué frecuencia se deben controlar los parámetros ácido-base en respuesta al tratamiento?

    Depende de si el paciente está estable o no. Cuanto más inestable esté el paciente, con mayor frecuencia se deben controlar los parámetros ácido-base En pacientes en estado crítico puede ser necesario controlarlos cada pocas horas. Si se considera que un paciente crítico necesita un tratamiento con bicarbonato sódico (a causa de un pH muy bajo, como 7,0-7,1), una práctica habitual es administrar lentamente una dosis baja de bicarbonato (p. ej., 1-2 mEq/kg) por vía endovenosa y volver a analizar los gases en sangre a las pocas horas.
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  7. ¿Al suplementar con bicarbonato se debe aplicar una velocidad de infusión constante (CRI)?

    Depende de la condición del paciente y las preferencias del clínico. En la mayoría de casos la decisión de administrar bicarbonato afecta a un paciente en estado crítico (p. ej., pH sanguíneo ≤ 7,1), al que a menudo se administra lentamente una dosis baja de bicarbonato por vía intravenosa. También es frecuente administrar además líquidos cristaloides alcalinizantes (p. ej., solución de Ringer lactato). Cuando se comprueban los gases en sangre varias horas después, no es inusual observar que la acidosis está resolviéndose y que no resulta necesaria entonces la administración de bicarbonato. En la situación poco habitual de que exista una acidosis metabólica grave y una concentración de bicarbonato extremadamente baja, y de que ambas sean refractarias al tratamiento inicial, el clínico puede optar por empezar con una infusión de bicarbonato a velocidad constante, aunque quedan pendientes algunas cuestiones importantes. Por ejemplo, ¿qué volumen de distribución (Vd) se debe utilizar para el cálculo de la cantidad de bicarbonato que hay que administrar? La fórmula general es mEq de bicarbonato = Vd x peso corporal (kg) x déficit de bicarbonato (mEq/l). Verá que en esta ecuación se usan valores de 0,2 (espacio extracelular) a 0,6 (agua corporal total) para el Vd y que (por lo menos experimentalmente) el Vd del bicarbonato de perros con una acidosis metabólica crónica intensa puede incluso superar el 0,6. Si va a aplicar este tipo de ecuación, probablemente lo adecuado sea escoger un valor bajo de Vd, del orden de 0,2, hasta ver cómo responde el paciente. Otra cuestión es cómo calcular el "déficit de bicarbonato". ¿Simplemente se resta la concentración de bicarbonato del paciente del valor normal de 21 mEq/l y se introduce el resultado en la ecuación anterior como "déficit de bicarbonato"? Probablemente no, porque el objetivo no es que la concentración de bicarbonato del paciente vuelva a ser completamente normal, sino sólo lo suficiente para incrementar el pH hasta que salga de la zona de peligro (es decir, por encima de 7,2). La cantidad de bicarbonato que se necesita para eso probablemente será menor que la cantidad calculada con la ecuación. A partir de estas consideraciones podemos ver que no se trata simplemente de una cuestión de poner números en una ecuación. Así pues, a menudo es preferible administrar varias dosis pequeñas repetidas de bicarbonato sódico hasta que el pH de la sangre del paciente se estabilice por encima de 7,2. Este planteamiento requiere una reevaluación seriada de los gases en sangre del paciente y ajustes del tratamiento en función de los resultados obtenidos.
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  9. ¿Cómo se utiliza el exceso de bases para valorar el estado ácido-base?

    Existen diversas opiniones sobre el valor del exceso de bases para evaluar el estado ácido-base. El exceso de bases se define como la cantidad de ácidos o bases fuertes necesaria para titular 1 l de sangre a un pH de 7,40 a 37 ºC mientras la PCO2 se mantiene constante a 40 mmHg. El exceso de bases se cambia solamente por ácido no volátil (o fijado) y por lo tanto se considera que refleja la magnitud de los trastornos metabólicos del equilibrio ácido-base. Un valor negativo indica una acidosis metabólica y un valor positivo indica una alcalosis metabólica (el exceso normal de bases es aproximadamente de -3 a +3 mEq/l). A menudo la gente recurre a los cambios en el exceso de bases para determinar la presencia de un trastorno metabólico del equilibrio ácido-base. Sin embargo, el cambio observado en la concentración de bicarbonato del paciente puede reflejar una respuesta renal normal de adaptación a la presencia de un trastorno primario respiratorio del equilibrio ácido-base. Si el clínico comprende las implicaciones de la ecuación de Henderson-Hasselbalch y sigue las directrices para interpretar los valores de los gases en sangre que hemos revisado durante el Webinario, no existe una necesidad real de incluir el exceso de bases en la discusión.
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  11. ¿Qué es el desequilibrio aniónico y cómo se utiliza para valorar el estado ácido-base?

    anion gap El "desequilibrio aniónico" es simplemente la diferencia entre los cationes "habitualmente analizados" (sodio y potasio) y los aniones "habitualmente analizados" (cloruro y bicarbonato). En realidad, se debe cumplir la ley de la electroneutralidad y no existe ningún desequilibrio aniónico. Se trata simplemente de que existen más aniones sin analizar (es decir, cargas negativas en las proteínas, y en los iones fosfato, sulfato y lactato, así como otros aniones orgánicos) que cationes sin analizar (sólo calcio y magnesio). En algunos tipos de acidosis metabólica, los ácidos fijados reducen la concentración de bicarbonato en el suero y los aniones de estos ácidos se acumulan como aniones sin analizar. Entre los ejemplos cabe citar la cetoacidosis diabética (en la que se acumulan cetoaniones orgánicos), la intoxicación por etilenglicol (en la que se acumulan aniones orgánicos derivados metabólicos del etilenglicol), la insuficiencia renal (en la que se acumula anión fosfato) e, ilustrada en el diagrama de arriba a la izquierda, la acidosis láctica (en la que se acumula el anión orgánico lactato). Este tipo de acidosis se llama "desequilibrio aniónico elevado" o acidosis "normoclorémica", puesto que la cantidad de aniones sin analizar aumenta proporcionalmente a la reducción de bicarbonato, mientras que la concentración de cloruro en el suero permanece inalterada. Este es el tipo de acidosis metabólica que aparece con mayor frecuencia en veterinaria. El otro tipo de acidosis, ilustrada en el diagrama de arriba a la derecha, se llama "desequilibrio aniónico normal" o acidosis "hiperclorémica", porque no se acumulan aniones sin analizar y la concentración de cloruro en suero aumenta proporcionalmente a la reducción de la del bicarbonato. Este tipo de acidosis es bastante menos habitual en veterinaria; un ejemplo típico sería la diarrea originada en el intestino delgado. En esta situación, con la diarrea se pierde líquido rico en bicarbonato, el animal se deshidrata y los riñones aumentan la retención de sodio y de agua. Debido a la reducida concentración de bicarbonato en suero, la carga de bicarbonato filtrada se reduce y los riñones deben reabsorber más sodio unido a cloro, lo que desemboca en una hipercloremia. Otras causas de acidosis hiperclorémica, como la acidosis tubular renal, son raras.
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  13. ¿Nuestros valores normales de pH son 7,35-7,45. ¿Cómo se puede utilizar esta información para valorar el equilibrio ácido-base?

    Este es un punto muy importante; determinamos la respuesta compensadora esperada del paciente a partir de cálculos basados en valores "medios" normales, cuando en realidad nos vemos obligados a trabajar con los intervalos de referencia normales de los laboratorios y además no sabemos cuál es el valor "normal" real de un paciente concreto. En el caso del pH, acostumbramos a considerar que 7,38 es el valor medio "normal" en muestras de sangre arterial. A consecuencia de esta incertidumbre, concluimos que el trastorno del equilibrio ácido-base es un trastorno simple siempre y cuando la PCO2 compensadora (en el caso de los trastornos metabólicos) o la concentración de bicarbonato compensadora (en el caso de los trastornos respiratorios) no se aparte más de 2–3 mmHg (para la PCO2) o de 2–3 mEq/l (para el bicarbonato) del valor calculado. Solamente cuando los valores observados se aparten más de 2–3 mmHg o 2–3 mEq/l de los valores calculados consideraremos la posibilidad de un trastorno mixto, en el que siempre es muy importante preguntarse si las conclusiones a las que uno ha llegado quedan refrendadas por el cuadro clínico del paciente.
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